TESTIMONIO DE VIDA: NADA QUE PERDER 

Sed de venganza

El día 4 de octubre de 1982 nació Martin Franco, en un hogar dis funcional, de una madre muy joven que estaba sumida en el consumo de licor y las drogas; debido a eso la abuela paterna y la tía de Martin, lo reciben en su casa a la edad de 4 meses de nacido, quienes se encargaron de su crianza; y comienza a crecer apartado de madre y de padre quien, para esa época, estaba desaparecido.

Cuando tenía aproximadamente 8 años de edad, me dieron la terrible noticia de  que mi madre había sido asesinada en una fiesta,  lo que a pesar de no estar viviendo  con ella, que mi amor por ella no era el de un hijo hacia una madre porque no la tenía a mi lado, a pesar de que apenas era un niño, que no tenía mucho uso de razón y que no entendía muchas cosas, ese hecho marcó mi vida, porque desde allí empecé a querer tomar venganza, a ser un niño rebelde, a consumir drogas, a tomar licor, a meterme en bandas, a vivir en bares con prostitutas, y cada día, crecía el deseo de tomar venganza”.

Fue así como la muerte de su madre marca su vida, una niñez muy dura, muy fuerte, donde su corazón se llena de rabia hacia Dios; muchas veces se preguntaba ¿si existía?, pues ¿cómo iba a existir un Dios que le permitiera vivir  tantas cosas?, sin haber hecho nada para merecer lo que le pasaba? como veía  correr los niños con sus padres, con sus juguetes, en sus casas, “y yo estaba privado de los privilegios que tiene un niño”

Cuando tenía aproximadamente 14 o 15 años de edad, Martin decide entrar a un grupo armado al margen de la Ley, (las Autodefensas),  allí comienza a formarse  en el mundo delincuencial más fuerte, quería posición, armas, dinero, y su rabia y su sed de venganza se hizo más fuerte, quería devorarse el mundo, “quería hacerle daño a las personas, quería cobrarles lo que me sucedía”.

Pasados aproximadamente 5 años de estar allí, comienza una relación sentimental; “tenía una novia, y esa niña quedó embarazada y a pesar de las circunstancias, tomé la decisión de salir de allí para que ella pudiera tener el niño en paz, en condiciones diferentes, y me traslade de ciudad”

Tras las rejas

El 4 de octubre del año 2004 fue capturado, sindicado por homicidio agravado, desaparición forzada, y concierto para delinquir.  Este hecho sellaba un nuevo rumbo para su vida; “me trasladan a la cárcel de Manizales donde comienza un nuevo proceso en mi vida, me encuentro solo, la madre de mi hijo no iba a visitarme, perdí todo el contacto con ella; mi abuela, mi hermana y la poca familia que me quedaba, por motivos económicos no me podían visitar.

Inicialmente me condenan a 28 años de prisión por los delitos de homicidio agravado, concierto para delinquir, y desaparición forzada. Todo esto me llevaba a endurecer más mi corazón hacia Dios y hacia las personas”.

Estando en esa cárcel Martin recordaba que cuando entró al grupo, le tocaba subir montañas,  patrullar,  pelear una guerra sin causa; literalmente vivía una vida de zozobra,  no le importaba si le quitaban la vida, si vivía  o no, había perdido la noción del tiempo, y cada día se sumergía más y más en su mundo, un mundo sin  familia, condenado a 28 años y con más procesos todavía, eso fue muy fuerte para él, estaba en depresión, y había hecho todo para salir de ese estado, para poder dormir, descansar, a pesar de que tenía 21 años en ese momento, no encontraba sosiego, pero ignoraba el propósito de Dios, ignoraba de que Dios estaba alineando el camino  para que  lo conociera. 

Cita con Dios

Aunque para mí Dios no existía, habían personas cristianas en ese patio que me hablaban, pero mi corazón estaba endurecido;  también, entraba una psicóloga que hacía parte de la Confraternidad Carcelaria de Colombiaella ingresaba para las personas que necesitaban ayuda psicológica; un día nos invitaron  y yo entre a esa habitación donde esa psicóloga; yo no tenía nada que perder, lo único que  me hacía falta era hablar con un psicólogo  a ver si había solución a mi vida, a lo que me estaba pasando, que me quitara ese deseo de morir, de suicidarme, de tantas cosas; y ¡vaya! sorpresa, ese día Dios tenía preparado una cita conmigo, había preparado ese encuentro conmigo,  cuando comenzamos a orar, a alabar, lo único que recuerdo es que mi corazón se contrista, se hace chiquito,  mis ojos se llenan de lágrimas, en ese momento tan especial, tan hermoso donde DIOS me abraza, me toca y simplemente caigo de rodillas, me quebranto, no me importaba si alguien pasaba y me veía llorando, yo solamente quería que Dios me abrazara, solo quería descansar y pedirle perdón”

“Dios abrió mi mente, mi corazón y me arrepentí de tantas cosas;  a mis 26 años de edad, Dios me estaba consolando, ese día salí totalmente diferente, ese día me di cuenta que ya no sería la misma persona; frustrada, vacía, y sin ningún valor, automáticamente empezó esa obra poderosa en mi vida, aunque no entendía y a veces recaía,  cada 8 días yo estaba ahí en la reunión;  había encontrado algo que superaba las drogas, que superaba el amor de papá, de mamá, que superaba la falta de una persona en mi vida”.

De allí lo trasladan a la Cárcel de la Dorada de alta seguridad,  y allí nuevamente llega un momento que marca su vida, exactamente el 11 de septiembre de 2009 …”ese día alzo mis ojos, me miro en un espejo  y me veo como un desechable, vuelto nada, físicamente, me sentía  totalmente en el hoyo profundo y le digo a Dios que yo no sabía  qué era lo que me pasaba pero que si él existía me permitiera estar en un lugar donde le pudiera conocer, donde mi  vida no volviera a ser la misma, y exactamente él me sacó del patio 4 a otro patio más fuerte, pero donde pude comenzar a ir a la iglesia,  aunque habían más luchas;  yo veía los hermanos arrodillados y me daban ganas de pegarles y salir corriendo, tenía cantidades de demonios que se oponía a que yo buscara de DIOS , pero mi deseo era más fuerte y Dios me estaba dando las fuerzas para seguir su camino. Ese mismo día 11 de septiembre nace mi niña  Margarita, y ese día tomé la decisión de no más drogas, ya no quería nada de lo que el mundo me ofrecía y con la ayuda de Dios pude salir de esa condición”.

De la cárcel la Dorada fue traslado a la cárcel de Acacias Meta, la famosa Alcataras que llamaban, y le condenan nuevamente a 38 años de cárcel porque le salieron nuevos procesos, esto hacía más pesada su estadía allí, ya que por la distancia no podía ver  a sus hijos,  no podía estar con su familia, pero Dios le estaba preparando, “haciendo de mi esa nueva criatura que él quería que yo  fuera, a pesar de la condena tan alta, por los procesos especializados, por homicidios, por desaparición forzada, pero Dios ya había prometido mi libertad. Estando allí, tuve la oportunidad de estudiar mi bachillerato, estudié teología y me preparé en diferentes áreas, allí aprendí a trabajar, a ganarme el dinero con mis propias manos sin necesidad de hacerle daño a nadie”

Fue una experiencia muy fuerte la que Martin como ser humano, no le desea a nadie, ni a su peor enemigo, por estar lejos de su familia,  y con una condena tan alta, pero a su vez, dice que fue muy bonita porque allí fue el terreno que Dios escogió para llamarle, para prepararlo… “y yo hago un alto en este momento  para decirle a los que leen este mensaje que  no menosprecien el terreno que Dios escogió para transformarlos, para encontrarse con ustedes, porque no necesariamente puede ser una cárcel, sino en diferentes circunstancias, yo les digo a las mamás que tienen a sus hijo en las drogas o en la cárcel, que luchen por ellos, que no los menosprecien, que los abracen, ya que Dios puede transformarlos, Dios puede hacer una nueva criatura de esa persona; lo que Dios hizo conmigo, lo puede hacer con cualquiera”

Me quedo con Dios

Hoy Martin quiere ser foco de esperanza para aquella persona que ha perdido su sueño, que ha dejado de luchar, “Dios lo restaurará, Dios le puede dar nuevos sueños, Dios puso nuevos sueños en mi vida, mis sueños eran cobrar venganza, eran una vida de licor, de dinero y de armas, pero Dios transformó mi mente y mis sueños, paulatinamente”

El día 30 de enero de 2019  recobra su libertad, después de haber sido condenado a 38 años de prisión y de estar 15 años físicos en varias cárceles, Dios le da la bendición de recibir la libertad condicional por 177 meses, lo que muy pocas personas pueden lograr, por la gravedad de los delitos. Dios le da ese privilegio, …”para tener esta libertad un hombre natural tendría que sobornar jueces, fiscales y pagar mucha plata, lo cual Dios me dio por su fidelidad, solamente por el cumplimiento de sus promesas, porque él es fiel, aunque muchas veces tenía  dudas y me preguntaba sobre  mi futuro, ¿qué iba a ser de mi vida? iba a salir de una cárcel y  no tenía familia, no tenía dinero, no tenía a nadie, pero Dios ya estaba preparando las personas  que me iban a recibir y tendrían todo listo para que yo comenzara una nueva vida”.  

Al salir, a Martin lo acompañaban temores, tenía miedo, pero Dios comenzó un proceso, era en realidad un nuevo comienzo, hasta aprender a caminar era parte de su plan de crecimiento, “caminaba raro, veía los escalones muy altos, alzaba mucho los pies para caminar, me daba miedo pasar los semáforos, si veía a alguien hablando pensaba que era de mí,  si escuchaba una moto sentía que me iban a quitar la vida, pero Dios es fiel, estuvo ahí conmigo, me ha sacado adelante,  hoy estoy en libertad con mis hijos, mi abuela y quienes me han ayudado”.

Haciendo la diferencia 

Con el pasar de los días, las citas y los encuentros con las personas que serían apoyo para Martin en su camino en libertad se fueron dando; los pastores que me habían predicado antes en la cárcel, que hacen parte de la Confraternidad Carcelaria Colombia la pastora  Rosa Aleida Buitrago, el capitán Pedro Martínez, y todos esos hombres y mujeres que militan en el ejército de Dios, y hacen parte de la CCC; mi corazón rebosa  de agradecimiento para con estas personas, y no solamente con ellos, sino también, aquellas personas que diezman, ofrendan,  que directa o indirectamente tienen que ver con la realidad carcelaria, gracias porque fueron el instrumento que Dios utilizó para darme esperanza, para transformarme, para darle  valor a mi vida. Yo los bendigo, les agradezco de todo corazón, y les animo a que no desmayen con la labor tan valiosa que realizan en las cárceles, sé que muchas personas salen y no vuelven como los 10 leprosos que fueron sanados, pero solo uno retorno a dar gracias a JESÚS por su sanidad, yo hoy me siento como ese uno.

Le doy gracias al Fondo Rotatorio, porque me encontraba sin trabajo, y a pesar de que tenía antecedentes, me abrieron las puertas y creyeron en mí, les pasé un proyecto productivo de fabricación de mochilas Wayú artesanales, que aprendí hacer en la cárcel, y el programa me prestó el dinero para desarrollarlo, ya pagué el crédito. En medio de la crisis económica que estamos viviendo por la pandemia del Covid 19, nuevamente me prestaron para poner una microempresa de venta de pulpa de frutas, y me han seguido apoyando. También le doy gracias al pastor Libardo Quebrada, gracias a ellos y para la honra de Dios voy donde me invitan a predicar, a dar mi testimonio de las cosas que Dios ha hecho en mi vida, visito cárceles, colegios, universidades, predico en iglesias, además soy estudiante del diplomado Líder en Negocios de la escuela Focus Business School

Hoy puedo decir que las cosas viejas pasaron y que soy una nueva criatura en cristo Jesús, y todo gracias al amor y a la misericordia de Dios, y a personas como ustedes; aunque el proceso es duro, hoy me visualizo como un empresario, como un siervo de Dios, como un pastor, porque entendí que para eso me ha llamado.  

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